Esteban Hernández lápiz en mano, como le recuerdan en su escuela
Todos los profesores de la Escuela de Arte de Ciudad Real recuerdan al dibujante de cómic asentado en Valencia Esteban Hernández, que a comienzos del mes de enero ganó el premio de novela gráfica FNAC/Sins Entido con su obra ¡Pintor!. Recuerdan en especial su amistad con Pablo Moreno Kadú, hoy conocido como ilustrador y asentado en Barcelona.
Su profesora de Historia del Arte, Concha García de la Torre, añade que «eran como la uña y el dedo, siempre iban juntos y sus apuntes de Historia del Arte eran curiosísimos, los convertían en un cómic». Pedro Lozano recuerda igualmente a esa pareja inseparable: «Yo le daba clase de diseño por ordenador a Pablo, y a veces Esteban estaba en el aula a su lado, sin decir nada, pero le recuerdo casi siempre en la biblioteca dibujando, haciendo comics, fanzines».
Sus profesores de dibujo artístico fueron Fernando Kirico y Vicente Ruiz, hoy director de la escuela. El primero relata que en aquella época, a comienzos de la década de los 90, el manga -el tebeo japonés- hacía furor entre los jóvenes «y aquí se llegó a juntar un grupo de chicos muy interesante, con una creatividad tremenda»; y de aquel interés inicial por el cómic hicieron de él su vida profesional, como el propio Esteban Hernández; o la ilustración, como Kadú o Francisco Lozano Redondo; o el diseño gráfico, la conocida diseñadora Charuca. Pedro Lozano matiza que ésta última es un poco más joven que Kadú y Hernández, «pero tenían los mismos intereses y coincidieron más de una vez».
Vicente Ruiz y Kirico aclaran que la experiencia académica de Esteban Hernández tampoco es muy común. Por un lado, «su padre también fue alumno de la Escuela, un día me trajo una foto de una excursión a Granada en los años 60 en la que estábamos su padre y yo, claro que yo era más pequeño que su padre», comenta Kirico.
A esto se añade que Hernández comenzó su trayectoria con 14 años, cuando todavía era Escuela de Artes y Oficios, pero se estaba realizando un bachillerato experimental que conduciría más adelante a lo que ahora es la rama artística de esta etapa educativa. Fruto de esta evolución de la escuela, Esteban Hernández compartió enseñanzas con otros chicos mayores que él que se incorporaban a ese bachillerato orientado a la creatividad. «Había grupos en los que estaban tanto chavales de 14 años como chicos de 20», recuerda Kirico.
Pero Pedro Lozano interviene para recordar que a pesar de ser de los más jóvenes, «Esteban era de los más destacados por su pasión por el dibujo».
En este sentido, Ruiz, el director de hoy en día, explica que para esos jóvenes que tienen gusto por el dibujo y el manga, el paso por un centro como la Escuela Pedro Almodóvar les ofrece una disciplina y unos recursos que luego les son muy útiles en la vida profesional. Junto a él, Kirico enumera: «Aprenden perspectiva, a situar el objeto, a reflexionar sobre su obra».
En este sentido, Kirico subraya que lo ha que ha ganado Hernández «es un premio de novela gráfica, es decir, con una extensión importante, de mucho trabajo, con un contenido intelectual, una historia seria. Tiene mucho mérito», concluye.