Inaguración del seminario Ciudad Real y la Reina Isabel La Católica
El antiguo casino de Ciudad Real acogió ayer un acto de homenaje a la figura de la reina Isabel I de Castilla, convocado por la Concejalía de Sostenibilidad con motivo de la inauguración hoy de la estatua obra de Carlos Guerra con la que se recuerda la pragmática en la que la reina ordenó el establecimiento de la Real Chancillería de Ciudad Real, con jurisdicción sobre toda la mitad sur del reino de Toledo.
Junto a Juan Caballero, como responsable de la Concejalía, se encontraban los tres ponentes que abordaron la figura de la soberana desde diferentes aspectos, la concejala de Cultura, Lydia Reyero; el medievalista de la UCLM, Francisco Ruiz; y el ex concejal y también historiador, Javier Morales.
La concejala centró su intervención en la figura de la reina como mujer. A partir de testimonios de intelectuales de la época, como Pedro Mártir de Anglería y Lucio Marineo Sículo, y de cortesanos tanto suyos como de su padre, Reyero construyó un discurso en el que destaca la contraposición entre una mujer ejemplar en cuanto a los valores de la época en que le tocó vivir, y al mismo tiempo, transgresora en su condición de reina.
Así, a la soberana de Castilla se le atribuía religiosidad, modestia, paciencia para sufrir sus enfermedades, caridad con los pobres y preocupación por el pueblo; pero a la vez, era como soberana, una mujer enérgica y decidida, «más fuertes que el más fuerte de los hombres», según alguno de sus coetáneos.
Por su parte, Francisco Ruiz, hizo una breve semblanza biográfica de la soberana, deteniéndose en las fechas más importantes de su reinado, entre ellas, 1492, año de la toma de Granada, del descubrimiento de América y de la expulsión de los judíos, pero también 1494, cuando ella y su esposo, Fernando, recibieron del Papa valenciano Alejandro de Borja el sobrenombre de Católicos. El catedrático puntualizó que este tipo de nombramientos papales obedecían esencialmente a razones políticas más que religiosas.
En su intervención, Ruiz señaló que de haberse mantenido en Ciudad Real la Chancillería -en 1505, un año después de la muerte de la reina Isabel, su esposo, Fernando el Católico, decidió su traslado a Granada- el desarrollo de la urbe hubiera sido muy diferente y probablemente, más próspero.
Por su parte, Javier Morales recordó las tres grandes decisiones de Isabel la Católica referidas a Ciudad Real, que además de acordar el establecimiento de la Real Chancillería, instituyó un tribunal de la Inquisición en la ahora capital y la cesión a su Concejo de una casa de la plaza Mayor, confiscada a un comerciante judaizante para que fuera la sede de sus reuniones, es decir, el primer Ayuntamiento, en lo que hoy es la casa del arco en la esquina con la calle María Cristina.
Juan Caballero actuó como presentador e introductor del acto, al que también asistió el escultor Carlos Guerra, autor de la obra que hoy se inaugura, para ponerse a disposición de cuantos asistentes quisieran preguntarle.