Los familiares con los restos de los fallecidos durante la guerra civil enterrado en Burgos
La Agrupación de Familiares y Amigos de Fallecidos en la Prisión de Castigo de Valdenoceda entregó ayer a sus familias, en un acto celebrado en el Ateneo de Madrid, los restos de quince presos que permanecían enterrados en aquella localidad del norte de Burgos. Ocho de ellos eran de la provincia de Ciudad Real. En concreto, los familiares de Ángel Mena Contreras (Montiel), Vicente Martín Gil y Antonio García Rayo (ambos de Daimiel), Feliciano Alcaide Rodríguez y Alfonso de la Morena Prado (ambos de Aldea del Rey), José Antonio Quintanilla Pardo, (Fuencaliente), Dimas Almendro García (Corral de Calatrava) y Juan María González de Mera (Torralba de Calatrava) pudieron recoger ayer sus restos para su entierro en su lugar de procedencia.
En el caso de Aldea, las familias de los dos represaliados celebrarán hoy por la mañana una misa en la iglesia de San Jorge para después trasladar los restos de Alfonso y Feliciano al cementerio.
Valdenoceda alojó desde 1938 a 1943 una de las prisiones de castigo más duras de la época de la posguerra. Se tiene constancia documental (a través del Registro Civil) del fallecimiento en el interior de la prisión de al menos 153 personas, que fueron enterradas por sus propios compañeros en un solar, propiedad de Instituciones Penitenciarias que, en 1989, pasó a formar parte del cementerio parroquial. Los nuevos enterramientos de vecinos del pueblo se realizaron, desde ese año, 1989, sobre los de los presos.
La Agrupación de Familiares y Amigos de Fallecidos en la Prisión de Valdenoceda ha conseguido, después de años de búsqueda (de familiares descendientes de aquellos presos, de ayudas y de subvenciones) y una intensa labor, la exhumación de 114 cuerpos, de las cuales 15 han sido entregadas hoy a sus familiares, uno más ha sido identificado pero aún no ha podido ser exhumado y diez más han conseguido identificación osteológica. Hoy se sabe, gracias a esta labor, que al menos 39 personas han quedado enterradas debajo de los enterramientos nuevos que se produjeron desde 1989
Muchos presos supervivientes han contado, años después, aquella terrible experiencia. Además del registro de fallecidos en la prisión (que se ha podido completar gracias al Registro Civil de Quecedo, municipio cabecera de la comarca), los supervivientes han contado en repetidas ocasiones las desapariciones que se producían. Se cree que muchos presos fueron asesinados y arrojados al río Ebro o a algunas de las numerosas cuevas que jalonan la zona.
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