Una mujer compra un paquete de tabaco en un estanco
En los cuatro primeros meses de 2009 la venta de cigarrillos en la provincia ha descendido un 7,6%, ya que hasta el 30 de abril se comercializaron en Ciudad Real 15.180.498 cajetillas frente a las 16.440.120 del mismo periodo de 2008. Un dato significativo puesto que al término del pasado año, en el tercer aniversario de la ley que limitaba su consumo, no sólo no había descendido, si no que su venta había experimentado un repunte del 2,8%.
Por contra, los datos del Comisionado para el Mercado de Tabacos, organismo dependiente del Ministerio de Economía y Hacienda, arrojan un «tremendo» incremento en el consumo de tabaco de liar. Así, las cifras ponen de manifiesto que su comercialización en los estancos ciudadrealeños se ha multiplicado por seis en tan sólo cuatro meses al registrar 11.063 unidades vendidas frente a las 1.762 contabilizadas a 30 de abril de 2008.
la huella de la crisis. El actual panorama socioeconómico ha sido determinante en este fuerte aumento. «La picadura supone un trabajo extra porque implica liarla, pero es mucho más barata porque no está grabada con el mismo impuesto que el cigarrillo, lo que la hace infinitamente más competitiva», argumenta el presidente de la Asociación Provincial de Estanqueros, Fernando Bermejo. Y para muestra un botón: mientras que un bote de tabaco de liar tiene un coste aproximado de 7,50 euros, su equivalente en cigarrillos, es decir, un cartón de tabaco le supone al bolsillo del ciudadano unos 21 euros.
En euros, la venta de tabaco generó unos ingresos en la provincia de más de 42.385.130 euros, casi 1,2 millones menos que en los cuatro primeros meses de 2008. La voz de los estanqueros de la provincia asegura que el colectivo tiene asumida una subida inminente del precio del tabaco porque, según apunta, «se ha comprobado que los impuestos indirectos se recaudan mejor que los directos». La razón reside, en su opinión, en que son menos impopulares. Así, Bermejo pone de relieve desde su experiencia que «la gente protesta el primer día y habla de dejar el cigarrillo». Pero este ex fumador empedernido confiesa que «el que está habituado a ello sólo lo deja con fuerza de voluntad». (Más información en la edición impresa)
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