Jeromé Fernández trata de lanzar a puerta en el partido disputado hoy contra el Kiel
Cuando uno se frota las manos antes de tiempo, pueden suceder cosas muy desagradables en el deporte de elite. Y más en una finalísima de la Liga de Campeones, ante uno de los dos mejores equipos del mundo y con dos malos colegiados por medio. Perder la concentración antes de que los árbitros decreten el final del partido es cometer un error muy grave, que pone en peligro todo el trabajo realizado durante la mayor parte del encuentro. Un error que pone en serio peligro la final. Es lo que le sucedió ayer al BM Ciudad Real en el Sparkassen Arena. Calco del desenlace del choque que ya se disputó allí en la ‘main round’.
A los manchegos le sobraron los últimos siete minutos. Tras llegar al tramo final del duelo con unas esperanzadoras tablas en el marcador (32-32), después de un partido en el que siempre fue a remolque, con desventajas de hasta seis tantos, los ciudadrealeños se vieron enredados en el correcalles vertiginoso en el que el Kiel y los daneses Olesen y Pedersen convirtieron este primer envite de la final. Enmarañados, sin las ideas claras e irritados por las decisiones arbitrales, los de Talant perdieron el norte y cayeron en la trampa de los ‘cebras’ que, agazapados atrás, salieron como balas al contragolpe, incluso cuando encajaban gol. En un visto y no visto, el Kiel destrozó a su rival con un parcial de 7-2 que le pone en clara ventaja en la gran final (39-34). Una batalla perdida para el BM Ciudad Real, al que la guerra de la ‘Champions’ se le complica sobremanera.
Con Zorman y Davis relegados a la grada, junto a los lesionados Pajovic y Laen, Dujshebaev planteó un partido de desgaste, de aguante, de resistencia ante el campeón alemán. Un sistema defensivo con variantes, con atención especial a Nikola Karabatic en ocasiones, y en otras con un 5-1 menos profundo, más sólido, intentando cortar la conexión con los seis metros. Unas alternativas cuyo rendimiento quedó en el aire, permitiendo que Jicha campara a sus anchas en el lateral izquierdo. El gigante checo se puso las botas ante la desesperación de Sterbik y los suyos.
Además, el otro gran problema estuvo arriba. El ataque del BM Ciudad Real empezó gris, limitado, atascado. La primera línea formada por Entrerríos, Chema y Metlicic ni siquiera rompió a sudar. Fueron incapaces de superar la rocosa defensa germana, que resguardaba al límite de la legalidad la meta de un entonado Omeyer. El resultado de todo ello fue un pésimo inicio de final, que se tiñó de los colores blanco y azul del Kiel (7-2, minuto 10).
Talant se dio cuenta y movió sus fichas, sin esperar al clásico minuto 15 de las rotaciones. Jerome Fernández y Olafur Stefansson aparecieron en escena con urgencia. La salida del lateral francés resultó determinante. Dos espectaculares disparos suyos metieron el miedo en el cuerpo a los alemanes y a su amigo Omeyer, e inyectaron confianza en los ciudadrealeños. Gracias a un parcial de 5-0, el conjunto español se metía por fin en el partido (7-7, minuto 16).
Pero Jicha seguía elevándose con facilidad. Con la ayuda de Karabatic y de Kavticnik, el Kiel volvió a tensar la cuerda con cinco goles consecutivos (13-8), a los que correspondió el BM Ciudad Real con otros tres (13-11).
Parecía que los de Talant tenían controlada la situación. Se veían abajo en el marcador, pero con diferencias muy discretas e ilusionantes de cara al partido de vuelta. Pero no era así. Cuando el Kiel podía, corría, y eso hacía mucho daño a los manchegos, que arrastraban el lastre de tener que hacer dos cambios en la transición ataque-defensa.
El ritmo del juego y la velocidad eran muy altos. Demasiado. Los alemanes habían llevado el partido donde querían, y realizaron un último esfuerzo en esta primera mitad para dar un nuevo revolcón a su rival, al que endosó otro doloroso parcial de 5-1, dejando el marcador al descanso en un preocupante 18-12.
Pero en la reanudación el BM Ciudad Real se recompuso, mejoró en todas sus líneas y salió dispuesto a dar guerra al Kiel. Aunque le costó, poco a poco fue recuperando terreno. Jerome Fernández, sensacional ayer y el mejor de los suyos, se alió con Luc Abalo y Olafur Stefansson, echándose el equipo a la espalda.
En el minuto 41, los manchegos ya habían reducido la renta alemana a la mínima expresión (25-24). Además, el Kiel perdía por triple exclusión a su pivote Marcos Ahlm, mientras Hombrados sustituía a un apagado Sterbik. Buenas noticias acumuladas en una tarde en la que se había sufrido mucho. El empate no tardaría en llegar (32-32, minuto 53).
Gislason se percató de que la situación era crítica para su equipo. Ciudad Real había crecido en confianza y amenazaba con ganar el partido, y encarrilar la final. Tras el tiempo muerto, sus pupilos saltaron a la pista con dos consignas muy claras: ceder la responsabilidad a Karabatic y, sobre todo, transformar el duelo en un correcalles, en un ir y venir de jugadores, en una verdadera locura. Un plan malévolo que no vio venir el BM Ciudad Real, que sin darse cuenta se encontró con una tormenta de goles en su portería, encajando un último parcial de 7-2. Un macabro punto y final de partido que pone en serio peligro el sueño de conquistar su tercera Liga de Campeones.
Sea como fuere, la primera batalla de la final ya está perdida. Eso sí, una batalla, no la guerra. Cinco goles se pueden remontar.